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Cómo la Pesca con Mosca Descubrió Aysén para el Mundo

Julio Meier Trujillo, uno de los pescadores más legendarios de la Región de Aysén, nos da a conocer cuáles fueron los inicios de esta emblemática práctica en la Patagonia Chilena y cómo de esas primeras incursiones hoy se desarrolla toda una industria turística ligada a ella, que encanta a miles de visitantes que vuelven una y otra vez a un destino único en el mundo.

Corrían los años 80 y la región luchaba por romper el aislamiento, marcado por políticas nacionales con ideas centralizadas, en las que poco se podía influir desde la realidad de Aysén, especialmente por su escasa población y extenso territorio, sin duda diferente al resto del espacio nacional.

Esta tierra de impresionante naturaleza, salvaje y separada, que fue marcada por la diversidad de origen de sus colonos, el notorio aislamiento, la forma de abastecerse de insumos, mezcla de conocimientos, costumbres y creencias, forjaron en la gente de Aysén un carácter fuerte, duro, obstinado, aguerrido y a su vez acogedor, confiado, espontáneo, solidario, de palabra de honor, no competitivo ni envidioso.

Por el contrario sobresale el crecer juntos y muchos confunden este carácter patagónico con ser moderado emprendedor y poco ambicioso, sin duda una cultura muy diferente que no es fácil describir, los afuerinos no la entienden, pero si la pueden sentir y apreciar, el dicho "en la Patagonia el que se apura llega tarde", sigue plenamente vigente, se acomoda muy bien en la actualidad ¿A dónde vamos tan apurados? ¿Dónde queremos llegar? A mi entender ya estamos aquí, lo tenemos todo, es cosa de mirar a nuestro alrededor más cercano. En ese contexto tuvieron que llegar visitantes de tierras muy lejanas para decirnos lo que teníamos y recién pudimos comprender y valorar lo que buscaban nuestros colonos, o los que llegaron primero, el mismo sentido que sigue atrayendo al mundo entero a lugares como Aysén, millares de turistas, el vivir y sentir la naturaleza en cada poro de la piel.

La pesca con mosca es por esencia parte de la naturaleza, su práctica permite conocer y disfrutar de ella en propiedad, no son muchos los lugares en el planeta que cuentan con las condiciones de Aysén, verdes valles con escasas carreteras, interminables bosques, impresionantes montañas de donde escurren prístinos ríos que forman innumerables lagos. Ambientes ideales para la vida de las truchas, objetivo final del pescador con mosca, el capturar peces en estado natural y salvaje, con el menor daño posible y luego devolverlos vivos a su ecosistema lo antes posible. La sensación de triunfo y satisfacción que el ser humano siempre persigue se ve recompensada y sobresaltada, al saber que su emoción y recreación no fue a costa de producir un daño al entorno y el círculo puede continuar.

Recuerdo el verano de 1986, en febrero, un joven mochilero norteamericano y con un escaso español pasó a comprar frutas a mi negocio -Frutería La Tropical-. Me preguntó dónde era un buen lugar para pescar y al día siguiente lo estaba acompañando al rio Ñirehuao. Su nombre Art Bloom. Camino al lugar asustábamos sin intención a millares de saltamontes que volaban y caían al agua, las truchas enloquecidas comenzaron a devorarlos en la superficie con mucha agresividad, pero lo que me marcó para el resto de mi vida -yo tenía entonces sólo 30 años y hoy 60-, fue ver a Art armar una caña que se veía bastante frágil y colocar en el extremo de su sedal una imitación artificial de saltamontes que tenía un pequeño anzuelo.

No podía creer lo que veía, con expertos movimientos comenzó a batir la línea con la diminuta caña y al momento de posar el señuelo en el agua, inmediatamente saltó una trucha sobre este quedando atrapada, sin embargo la situación que se produjo a continuación a motivado mi incansable lucha por difundir la modalidad de pesca que observé en esos momentos.

Art se arrodilló a orillas del rio, se mojó las manos y con una delicadeza increíble tomó la trucha entre sus manos, le quitó el anzuelo que estaba clavado en el borde de la boca -que al no tener rebarba fue fácil removerlo-, y luego de posarla dentro del agua la liberó. La trucha huyó velozmente a las profundidades. Art me miró, sonrió y me dijo: “regresare en otra ocasión a pescarla nuevamente. Ahora es tu turno”. Nunca más deje de practicar y fomentar esta modalidad, que sin duda es la menos lesiva para los peces.